jueves, 4 de marzo de 2010

COMO SE HACEN LOS NOMBRES CIENTIFICOS DE LAS PLANTAS

Botanica


Los nombres científicos de las plantas no siempre han existido. En su forma actual tuvieron origen en 1753, cuando Carlos Linneo publicó su libro Species Plantarum .


HISTORIA

En el siglo XVIII surgió la necesidad de formalizar un sistema internacional de nomenclatura para las plantas. A fin de evitar favorecer a un cierto país se optó por usar al latín como base para la nueva nomenclatura científica; una lengua muerta que no era oficial en ninguna nación y además presentaba la ventaja de ser hablada como segunda lengua por la gente culta de Europa.

En sus inicios, los nombres científicos eran en realidad descripciones de las plantas. Conforme se descubrían nuevas especies cercanas a las existentes, los nombres iniciales iban sufriendo pequeñas modificaciones para dar cuenta de ellas. Sin embargo, a medida que aparecían más y más especies los nombres fueron creciendo a tal grado que se volvieron imprácticos hasta ser virtualmente imposibles de manejar, como muestra la siguiente serie: Convolvulus folio Althea , (nombre propuesto por Clusius en 1576); Convolvulus argenteus Althaea folio (nombre propuesto por Bauhin en 1623) hasta llegar a nombres como Althaea maderaspathana subrotundo folio molli et hirsuto multipilis .

Fue Linneo quien, de manera consistente, puso fin a este problema al separar los nombres científicos de las descripciones e instauró así el sistema binominal de nomenclatura científica vigente hasta nuestros días. En este sistema, los nombres de las especies de plantas (y de todos los seres vivos) constan de dos palabras, que se denominan género y epíteto específico, respectivamente. De tal suerte que las especies afines se clasifican en el mismo género, pero con diferentes epítetos específicos, como el caso de los frutales del género Prunus que discutimos con anterioridad. Por otra parte, pueden aceptarse nombres de tres palabras solamente en los casos en que se hace necesario determinar diferentes subespecies, variedades o formas: por ejemplo, Laelia rubescens variedad alba .

Cuando se reconoce una planta y se designa con su nombre científico se dice que se ha "identificado" o más correctamente, que se ha "determinado". Es incorrecto en este caso decir que se ha "clasificado". En tal caso, se dice que una especie se ha clasificado cuando se le coloca en un grupo donde también se ponen las especies que le son afines. Por ejemplo, la ciruela de España y otras especies afines mencionadas se "clasifican" en el género Prunus .

Actualmente existe una jerarquía de niveles de clasificación en la cual los géneros afines se agrupan en la misma familia, las familias relacionadas en el mismo orden, los órdenes emparentados en la misma clase y las clases afines en la misma división (Cuadro 1).

Pero ¿cómo se construye un nombre científico? Como ya dijimos antes, los botánicos se han dado a la tarea de nombrar todas las plantas diferentes del mundo. De manera que cuando encuentran una planta que no aparece en los registros científicos, es decir, que no existe ninguna referencia a ella en libros o revistas botánicas, el científico debe preparar un nombre para el nuevo género o la nueva especie y publicarlo para que la comunidad científica conozca su existencia.




EN LA ACTUALIDAD

Por lo general los nombres genéricos y específicos tienen alguna relación con la nueva planta. Por ejemplo, algunas veces describen alguna característica notable, como rubrum (rojo), scabrum (rugoso) o albiflora (de flores blancas); en otras ocasiones los nombres hacen referencia al sitio donde se encontró la nueva especie por primera vez, como nayaritensis (de Nayarit), jaliscana (de Jalisco) o arabicus (de Arabia). O bien, los nombres se dedican en honor de alguna persona que haya tenido que ver con el descubrimiento del nuevo género o especie o que esté relacionado de alguna manera con la botánica, como hartwegiana (dedicado a Hartweg), lexarzanum (dedicado a Lexarza) o Tamayoa (dedicado a Tamayo). Los vocablos deben ser sustantivos o adjetivos en latín o bien modificados de tal manera ("latinizados") que puedan seguir las reglas gramaticales de esta lengua, puesto que la publicación del nuevo nombre sólo será válida si lleva consigo una "diagnosis latina"; es decir, una descripción de la planta escrita en latín, con énfasis en sus principales diferencias con otras especies afines conocidas.

La catalogación científica de las plantas es una tarea ardua y aún lejos de ser completa. En México todos los años se dan a conocer nuevas especies en las revistas especializadas para tal efecto, como Acta Botánica Mexicana o el Boletín de la Sociedad Botánica de México.


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